Por mucho tiempo había sentido una especial atracción por San Pedro de Atacama,
por el desierto, sus paisajes y colores, aún cuando se trataba de un lugar que no conocía en el plano físico.
En febrero de 2007 sentí el más fuerte "llamado de desierto" y sin pensarlo dos veces, me embarqué
en una maravillosa aventura, plena de magia y paisajes alucinantes.
El desierto es magnífico y absolutamente luminoso. Esa luminosidad no solo la percibí de día,
sino que cada vez que me senté a media noche a mirar las estrellas y experimenté esa especial conexión con el lugar y hacia
algunas personas también, que aún cuando estaban a miles de kilómetros de distancia, fueron mis cómplices en este viaje.
Estas fotografías son parte de esa aventura y reflejan parte de los sentimientos y sensaciones vividas
en ese lugar.